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La vida sedentaria y una alimentación irregular y en muchas ocasiones desequilibrada está convirtiéndose en la causa de una de las epidemias más importantes del siglo xxi: la obesidad. Los efectos del actual ritmo de vida —jornadas largas sin tiempo para preparar comidas saludables o para hacer ejercicio, el ocio digital— están afectando a un número de personas cada vez mayor, tanto jóvenes como adultos.

Esto no solo conlleva riesgos para la salud, sino para la autoestima de estas personas, que ven cómo se alejan más y más de los cánones estéticos imperantes. En su desesperación suelen caer en las soluciones milagro, pero hay que tener mucho cuidado con ellas. Muchas veces las dietas salvajes que prometen perder kilos en poco tiempo son peores que la propia obesidad.

El último estudio al respecto realizado por el Instituto Nacional de Estadística en colaboración con el Ministerio de Sanidad no deja lugar a dudas: el 17 por ciento de la población adulta es obesa. Juntando el dato de obesidad con el de sobrepeso, se llega a una cuota superior a la mitad de la población adulta. En cuanto a los niños y adolescentes (de 0 a 17 años), el informe afirma que una décima parte es obesa y dos de cada diez tienen sobrepeso.

Por ello, existen muchas personas que se aprovechan de la situación. La urgencia de algunos —sobre todo en los meses de primavera— y la falta de información de otros facilitan que falsos nutricionistas y dietistas se lancen todos los años a sacar tajada de las dietas milagrosas y los complementos dietéticos. De media, una persona obesa que está intentando bajar de peso puede llegar a gastarse 60 euros al mes.

En muchas ocasiones las dietas planteadas no tienen respaldo científico, e incluso algunas presumen de tenerlo sin que sea así. ¿Se puede adelgazar por estos métodos? Sí, pero a costa de perjudicar a la propia salud. A las personas que siguen este tipo de programas suelen aparecerles síntomas como falta de energía, niveles bajos de vitaminas o proteínas, dolores de cabeza o irritabilidad; todos ellos causados por una alimentación incorrecta. Y lo peor de todo, al abandonar una de estas dietas suele producirse lo que se llama efecto rebote: el peso que se ha perdido de forma rápida vuelve igual de rápido.

Para terminar de convencerse de que los milagros no existen en dietética, la Universidad Politécnica de Madrid, a través de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, ha realizado un estudio en el que ha concluido que no es cierto que en cualquier dieta se consiga bajar kilos más rápidamente al principio. Para aquellos programas de reducción de peso con una duración de en torno a seis meses, la disminución es lineal, es decir, más o menos se pierde el mismo número de kilos cada mes. A partir del sexto mes, la pérdida de peso se ralentiza.

Si se quiere perder peso y mantenerse en forma la única manera real de hacerlo es llevando una vida tan saludable como sea posible. Hay personas afortunadas que por su propio metabolismo comen mucho sin que se les note, pero la mayoría tenemos que hacer algunos esfuerzos. Lo mejor que se puede hacer es visitar a un nutricionista de verdad y que sea un profesional titulado quien cree la dieta que más convenga. Él sabrá qué alimentos van mejor y recomendará unas dosis de ejercicio adecuadas para alcanzar el peso que se quiera. La constancia es lo que dará fruto.

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