Cambio de nacionalidad: la última moda entre los multimillonarios

Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña, o más bien, si los impuestos se incrementan en mi país, cambio mi nacionalidad. Este parece ser el razonamiento de algunos multimillonarios que han decidido precisamente modificar el vínculo jurídico con sus países de origen, como estrategia para no permitir que sus bolsillos se vean afectados por el incremento de los impuestos.

Y es que justamente varios países europeos han elevado considerablemente sus tributos. Al respecto, parece que el último país que seguirá esta orientación es Francia, que se espera que apruebe un impuesto que grava con 75% a aquellos que reciben ingresos superiores a un millón de euros, y que ha hecho, incluso, temblar a las ligas de fútbol del país.

Pero para los astutos ‘milmillonarios’ esto parece ya no ser una limitación; con una clara determinación a no permitir que sus forrados bolsillos se vean afectados por el aumento de impuestos en sus países de origen, han encontrado en el cambio de nacionalidad la manera más fácil de reducir los pagos a Hacienda. Es el caso de Roman Abramovich, cuya fortuna asciende a los 4.400 millones de euros, y quien cambió su nacionalidad rusa por la de Reino Unido gracias a los beneficios fiscales que le ofrecía este país hace diez años y que lo motivaron a adquirir el famoso equipo de fútbol de la capital inglesa, Chelsea.

Otro ejemplo es el también millonario ruso Dimitri Rivolovlev, quien llegó al principado de Mónaco respaldado por el Príncipe Alberto. Se dice que esta maniobra perseguía una reducción importante en el pago de impuestos sobre sus negocios de la industria química. Su arribo logró que el equipo AS Mónaco llegara a la primera categoría del fútbol europeo, del cual es el presidente y propietario.

Por su parte, el polémico magnate inglés, Richard Branson, no podía ser excluido de este club. Recientemente, el propietario del grupo Virgin se trasladó a Necker en el Caribe para no asumir el nuevo impuesto por ingresos provenientes del extranjero de su país. Y finalmente, Bernard Arnault, empresario francés, propietario del grupo de artículos de lujo LVMH, y tercer hombre más rico de la Unión Europea de acuerdo con la revista ‘Forbes’, fue motivo de controversia a principios de 2013 cuando se conoció que perseguía la nacionalidad de Bélgica para no asumir el pago de los nuevos impuestos del gobierno galo.

Es probable que muchos más multimillonarios sigan con esta tendencia, más aun cuando los países ven favorable captar nuevos ‘nacionales’ ricos. Sin ir tan lejos, y al hablar específicamente de la residencia en España, muchos critican que esta prácticamente ya tenga precio; una nueva reforma del Decreto de extranjería permitirá conceder permisos de residencia a los extranjeros que compren un inmueble en el país que tenga un valor mínimo de 160.000 euros. Por lo visto, no sólo resulta rentable para los millonarios migrar a otros países y así evadir los pagos al fisco, sino también para los países que los reciben, por las posibles inversiones que ellos puedan hacer allí. Más que ser una cuestión de arraigo y pertenecía, la nacionalidad parece ser hoy un asunto estratégico y de conveniencia