Cambiar los festivos, ¿la reforma nos hará más productivos?

Promesa incumplida del Gobierno de Rajoy que nada más pisar la Moncloa, habló de que era necesario reformar los días festivos para evitar los puentes y mejorar la productividad. Han pasado dos años y todavía no se han tomado medidas concretas. Hay muchos intereses implicados: empresas, sindicatos, comunidades autónomas, Iglesia y el turismo.

La propuesta surgió de los empresarios, que creen que las interrupciones en el calendario laboral por los puentes, disminuye la efectividad en los puestos de trabajo. Veamos si un cambio afectaría al futuro de nuestra economía.

Si contamos los festivos nacionales del 2014, estamos por debajo de la horquilla de la mayoría de los países de la Unión Europea. Tendremos 9 días festivos nacionales, cuando la tónica del resto va de los 10 a los 15. Es cierto que hay que sumar los que añaden las comunidades autónomas, pero el tópico de “En España se trabaja poco”, puede dejarse a un lado.

La reforma de los festivos es una cuestión que ha salido a la luz a medida que la crisis iba avanzando y se ha visto cómo el gobierno de Portugal recortaba cuatro días festivos relacionando directamente los días de descanso laboral con los resultados en la economía por la productividad. Pero las estadísticas del Eurostat muestran otra visión. Los países más fuertes económicamente trabajan menos horas a la semana. Así que parece que recortar en tiempo libre para sumárselo al dedicado al empleo, no es una solución que nos vaya a traer cambios tan positivos como esperan los empresarios.

El calendario ha querido que el gobierno no tenga que pronunciarse sobre la reforma durante 2013 ni 2014, ya que la mayoría de los festivos han caído en viernes, sábado o lunes. En 2014, las únicas fechas que distorsionan la semana laboral son el 1 de enero y el día del trabajo, así que han pensado que mejor no tocar y evitar los conflictos.

Por un lado, con la Iglesia, que no quiere trasladar ninguno de los festivos religiosos y tiene a su favor el acuerdo de 1979 del Vaticano con el Estado español. También las autonomías y los ayuntamientos, las primeras pueden trasladar dos de los festivos nacionales. Los sindicatos tienen su parte en los días del trabajo, Navidad y Año Nuevo, tampoco quieren cambiarlos para hacerlos coincidir con las fiestas internacionales. Y después, el turismo, al que el recorte en los puentes no le sienta nada bien, pero en realidad, de producirse, sería una medida que sólo afectaría con respecto a los visitantes nacionales (consumimos menos porque tenemos menos dinero), ya que a los extranjeros (son los que más gasto hacen en el sector servicios), ninguna de estas medidas les afectaría.

Un calendario con muchos protagonistas, muy difícil de cuadrar y que no garantiza en el futuro que la productividad aumente, más bien puede ocurrir todo lo contrario.