¿Quién tiene derecho a la sanidad pública en España?

Desde el año 2003, todos los españoles y los extranjeros en el territorio nacional, tienen derecho a la atención sanitaria. Desde entonces, además de los españoles, con el padrón municipal, cualquier persona extranjera, tiene derecho a la protección de su salud.

Por este motivo, además de los empadronados en nuestro país, los pertenecientes a la Unión Europea, o los de fuera, que tengan estos derechos en su país, también pueden acceder a la sanidad en España.

Y es que, no es por culpar a nadie, pero la universalización de la sanidad a prácticamente todo el mundo, puede haber influido en la caída de la economía. Permitir, que residentes de otros países, puedan venir a España a realizarse operaciones o tratamientos, sin pagar por ello, no beneficia a las arcas de un país. Y es que, por ejemplo, hay muchos británicos, que vienen a nuestro país, a realizarse operaciones de cadera. Vienen, se operan, y continúan con su vida en el Reino Unido. Sin costarles nada. Porque en ciertos países, este tipo de operaciones no se hacen por la Seguridad Social, sino que deben hacerse por hospitales privados.

Pero desde hace unos meses, se han llevado a cabo ciertos cambios. Para empezar, el Ministerio de Sanidad, ha decidido diferenciar, entre asistencias de urgencia o enfermedad grave. Y han restringido, la cobertura sanitaria a los que cumplan los siguientes requisitos: estar dado de alta en la Seguridad Social, siendo trabajador por cuenta ajena, o por cuenta propia. Ser pensionista. Estar recibiendo cualquier tipo de prestación por parte de la Seguridad Social, o subsidio de desempleo. O en último caso, haber agotado el subsidio por desempleo y estar inscrito como demandante de empleo. Desde entonces, para los extranjeros, no es suficiente con estar empadronado en nuestro país, sino que necesitan estar inscritos a la Seguridad Social.

Por otra parte, los españoles y extranjeros mayores de 26 años, que no cumplan las condiciones detalladas anteriormente, y que tengan ingresos que superen las cantidades mínimas establecidas.
Lo que parecía un sistema perfecto, para salvar y cuidar a todos lo que viviesen en España, se tambaleó hasta caerse. Ahora, las exigencias, y las condiciones para poder atender a cualquier ciudadano están muy limitadas. No entiendo como pueden jugar y recortar algo tan básico como la sanidad.

Una cuestión, es que limiten ciertas intervenciones, porque había muchas personas que se aprovechaban de nuestro modelo, pero otra muy distinta, es que solo sean unos pocos los que sean atendidos.

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Tipos de contratos de seguros estándar, ¿qué debemos esperar?

Dentro de los diferentes tipos de seguros que nos ofrecen las compañías aseguradoras podemos decantarnos por las pólizas estándar, con las coberturas más comunes y menos específicas. Suficientes para cubrir nuestras necesidades.

Hoy en día podemos encontrar una gran variedad de seguros. Algunos de ellos son más generales, como puede ser un seguro de coche, que resulta obligatorio si somos propietarios de un vehículo, o un seguro de vivienda, que es uno de los más comunes en nuestro país. Otros, sin embargo, son más específicos, como puede ser un seguro de esquí para un día en concreto, o un seguro de salud que contemple, exclusivamente, las prestaciones dentales.

Si escogemos un seguro más general, podemos elegir, a su vez, una cobertura básica, que incluya las necesidades más comunes y menos específicas. En el caso de un seguro de coche, la cobertura básica correspondería a un seguro a terceros, que es el que incluye solo los daños que causemos a otra persona. Cuanto más específicas sean las necesidades a cubrir, más caro será nuestro seguro. Es decir, si esta póliza básica a terceros le añadimos una cobertura de lunas, incendios o robo, el precio se verá incrementado.

En general, los seguros se pueden clasificar como de intereses, de personas, obligatorios o pocos comunes. ¿Cuáles son los que más nos interesan? Dependerá de nuestro estilo de vida y de nuestras circunstancias personales y profesionales.

Antes de elegir uno u otro seguro debemos plantearnos cuáles son nuestras necesidades, y en función de ello elegir aquella póliza que más nos interesa. En un seguro de coche, por ejemplo, no es lo mismo utilizar nuestro vehículo exclusivamente para ir a llevar a los niños a un colegio situado a diez minutos de nuestro domicilio, que usarlo para ir a cazar todos los fines de semana por caminos poco transitados. Las necesidades no son las mismas, por lo que el seguro no puede ser igual.

En cualquier caso, en un contrato de un seguro estándar siempre intervienen los mismos elementos: el asegurador (entidad que soporta los riesgos y se compromete a indemnizar por las pérdidas que pueden llegar a ocasionar), el tomador (persona natural o jurídica que contrata y paga seguro), el asegurado (sobre cuya cabeza o bienes van a recaer las consecuencias del siniestro) y el beneficiario (quien tiene derecho a recibir la contraprestación por parte del asegurador).

El contrato del seguro en sí incluye una proposición, por la que la compañía cree que lo declara el cliente es cierto con el fin de determinar el costo del seguro, y la póliza, que es el documento privado donde se detallan las condiciones. Ésta debe incluir las firmas de la aseguradora y los contratantes, aquello que es asegurado, la naturaleza de los riesgos que se asumen, el periodo en el cual el seguro está en vigor y a partir de cuándo comienza su vigencia, el monto de la garantía, la prima del seguro o cuota que deberá abonar el asegurado, y otras cláusulas añadidas, que en el caso de un seguro estándar deberían ser mínimas.